Tras más de dos años de reclamos, desidia e invasión de ratas, la gestión de Gastón Hissa anunció la compra de nuevas unidades de recolección para el centro puntano. Sin embargo, la medida generó indignación: la millonaria inversión apenas alcanza para cubrir el 50% del parque destrozado.

Vivir entre la basura y el abandono

La paciencia de los vecinos de la capital puntana llegó a su límite. Tras más de dos años de soportar un deterioro alarmante en el mantenimiento del espacio público, el Ejecutivo municipal anunció que comprará nuevos contenedores de basura para el micro y macrocentro. Sin embargo, lo que debería ser una buena noticia, terminó con sabor a burla para miles de frentistas que seguirán conviviendo con la mugre.

Hoy en día, caminar por las calles más transitadas de San Luis es esquivar focos infecciosos. La falta de mantenimiento de la actual gestión transformó a los contenedores en un desastre sanitario: unidades oxidadas, sin tapas, con las palancas rotas, ruedas arrancadas y basura desparramada por las veredas. Se han convertido en el escenario perfecto para la proliferación de olores nauseabundos, cucarachas y ratas a plena luz del día.

400 millones para solucionar "la mitad" del problema

Acorralado por la presión social y el hartazgo vecinal, el intendente Gastón Hissa firmará este lunes 30 de marzo el decreto para adquirir 150 nuevos contenedores. La cifra de la licitación ronda los 400 millones de pesos.

¿El problema? Esta millonaria inversión, que a simple vista parece una solución definitiva, apenas alcanzará para renovar el 50% del parque actualmente instalado. Es decir, la mitad de los vecinos seguirá condenada a tirar sus residuos en depósitos destrozados e insalubres.

"A cuentagotas y por obligación"

En los barrios y el centro, la medida no fue recibida como una victoria de la gestión, sino como un manotazo de ahogado. Para los vecinos, la compra llega tardísimo y de forma insuficiente, impulsada únicamente porque los depósitos actuales llegaron a un estado de deterioro terminal que ya no se puede ocultar bajo la alfombra.

Mientras se anuncian millones de gasto a medias, la pregunta que resuena en las calles de San Luis es clara: ¿qué pasará con la otra mitad de la ciudad que seguirá tapada por la desidia y la basura?