🧠📱 El hallazgo surge de un seguimiento de ocho años desarrollado en el marco del programa PANIC, que analizó la relación entre el sedentarismo, la actividad física, el uso de dispositivos electrónicos y el desarrollo de capacidades mentales.
🔬 El estudio siguió a 260 participantes, 124 mujeres y 136 varones, con una edad promedio de 15 años. Los investigadores evaluaron capacidades como la memoria, la atención, el aprendizaje y la velocidad de procesamiento, mediante pruebas cognitivas estandarizadas. Los adolescentes que habían informado una mayor exposición a pantallas durante su infancia obtuvieron tiempos de reacción más rápidos y mayor precisión en determinadas pruebas de memoria, además de un procesamiento cognitivo general superior respecto de quienes tuvieron menor exposición digital.
💻 Sin embargo, los investigadores advierten que el resultado no significa que “más pantalla siempre sea mejor”. Una de las principales limitaciones del trabajo es que no diferenció con precisión qué actividad realizaban los chicos frente a los dispositivos: el análisis incluyó desde videojuegos y tareas escolares hasta otras formas de consumo digital. Por eso, no puede afirmarse que mirar videos o utilizar una pantalla de manera pasiva produzca los mismos efectos que una actividad interactiva.
🎮 La hipótesis de los especialistas apunta justamente a esa diferencia. Actividades como programar, jugar videojuegos o estudiar mediante herramientas digitales pueden exigir resolución de problemas, atención, toma de decisiones y pensamiento activo, capacidades que podrían contribuir al desarrollo cognitivo. En cambio, el consumo pasivo de contenidos no necesariamente genera el mismo nivel de estimulación.
🏃♀️ El trabajo también analizó la relación entre el uso de pantallas y la actividad física. En las niñas, la combinación de un uso más activo de dispositivos y mayor cantidad de actividad física ligera durante la infancia se relacionó con una mejor memoria en la adolescencia. En los varones, en cambio, la asociación favorable apareció principalmente con la actividad física estructurada, como la práctica deportiva organizada.
⚠️ Los propios investigadores llaman a interpretar los resultados con cautela. El estudio no demuestra una relación directa de causa y efecto: es decir, no permite concluir que pasar más tiempo frente a una pantalla sea lo que provoca un mejor rendimiento cognitivo. También es necesario determinar qué tipos de actividades digitales podrían explicar las asociaciones encontradas.
📚 De hecho, otras investigaciones recientes muestran resultados diferentes según la edad y el tipo de uso. Un estudio longitudinal publicado en 2026, que siguió a niños desde el primer año de vida, encontró que una mayor exposición acumulada a pantallas durante la infancia se asociaba con peor rendimiento académico, mientras que otra investigación con casi 10.000 niños de 9 y 10 años halló asociaciones negativas entre mayor tiempo de pantalla y distintos dominios de la función cognitiva.
🔎 Por eso, el nuevo hallazgo finlandés no supone que las pantallas hayan dejado de ser un motivo de preocupación, sino que plantea una mirada más compleja: no solo importa cuánto tiempo pasa un niño frente a una pantalla, sino qué hace durante ese tiempo. La tecnología puede convertirse en una herramienta de aprendizaje y estimulación cuando promueve la participación activa, la creatividad y la resolución de problemas.
👨👩👧👦 La conclusión, entonces, no es reemplazar el juego físico, el descanso, la lectura o la interacción social por dispositivos electrónicos, sino evitar una mirada absoluta sobre la tecnología. El desafío para familias y escuelas pasa por encontrar un equilibrio saludable, priorizando contenidos y actividades que estimulen el pensamiento y evitando que el tiempo de pantalla desplace otras experiencias fundamentales para el desarrollo infantil.
Un estudio desafía lo que se creía sobre las pantallas: los niños que tuvieron mayor exposición digital mostraron mejor rendimiento cognitivo
Una investigación realizada por universidades de Finlandia encontró un resultado que desafía una de las ideas más extendidas sobre la infancia y la tecnología: los niños que estuvieron más expuestos a pantallas durante sus primeros años presentaron, al llegar a la adolescencia, mejores resultados en determinadas pruebas cognitivas.
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