En plena temporada, muchos chacareros tomaron una decisión extrema: dejar caer o directamente tirar su producción de peras y manzanas porque venderla implica perder dinero.
El problema es tan simple como alarmante: los precios que reciben por kilo están muy por debajo de los costos reales de producción.
🍏 Según datos del sector frutícola, producir un kilo de fruta puede costar alrededor de 30 a 37 centavos de dólar, mientras que en muchos casos el valor de venta ni siquiera cubre ese monto.
🍅 A esto se suma un dato aún más crítico: solo el costo de cosechar la fruta —mano de obra, traslado y logística— puede ser superior a lo que finalmente se paga por kilo. Es decir, levantar la producción del árbol ya representa una pérdida directa para el productor.
🍎 En Bowen, esta realidad se traduce en imágenes impactantes: fincas donde la fruta queda en las plantas o directamente es descartada. Los productores aseguran que no pueden afrontar gastos básicos como el gasoil, insumos o salarios, lo que vuelve inviable continuar con la actividad.
🔥 La fruticultura atraviesa una crisis estructural en todo el país, marcada por el aumento de costos, la caída del consumo interno y una cadena de comercialización que no logra equilibrar los ingresos.
En Mendoza, el panorama es especialmente delicado: los precios no alcanzan y muchos productores optan por reducir su producción o directamente abandonar cultivos.
El resultado es un círculo vicioso: producir cuesta cada vez más, vender deja cada vez menos, y el esfuerzo de toda una temporada termina sin recompensa.
La pregunta que queda flotando es tan urgente como incómoda:
¿cuánto tiempo más podrá sostenerse una actividad donde producir vale menos que no producir?