🥩📉 🛒 En las carnicerías, cada vez más clientes dejan de lado los cortes tradicionales, reducen las cantidades que compran y buscan alternativas más económicas. Una de las nuevas protagonistas de este cambio es la carne picada de pollo, que comienza a ocupar el lugar que históricamente tuvo la picada vacuna.

📉 El fenómeno se produce en un contexto de fuerte retracción del consumo de carne vacuna. Según datos de la Cámara de la Industria y Comercio de Carnes y Derivados de la República Argentina (CICCRA), el consumo aparente de carne vacuna se ubicó en 46,3 kilos por habitante en los últimos doce meses hasta julio, un 9,4% menos que un año atrás. En términos concretos, significa que cada argentino consumió unos 4,8 kilos menos de carne vacuna en comparación con el período anterior.

💰 La diferencia de precios ayuda a explicar este cambio. En los últimos doce meses, los cortes vacunos aumentaron alrededor de 52%, mientras que el pollo entero registró una suba del 22,9%. Así, la carne vacuna se encareció significativamente frente a la alternativa aviar y obligó a muchas familias a modificar sus decisiones de compra.

🍗 La sustitución comenzó con productos tradicionalmente más baratos, como la pata muslo, las alitas y las carcasas para caldo, pero ahora se extiende a la carne molida. En distintas carnicerías bonaerenses, la picada de pollo se ofrece entre $5.180 y $8.000 el kilo, mientras que la picada vacuna común parte de aproximadamente $8.000 y puede superar los $11.000 en sus versiones especiales.

🥩 La carne picada común, además, se encuentra entre los productos que más sufrieron el impacto de la suba de precios. El aumento de los cortes vacunos hizo que incluso preparaciones populares y habitualmente consideradas económicas, como las hamburguesas caseras, las albóndigas, el relleno de empanadas o la salsa con carne, comenzaran a quedar fuera del presupuesto de numerosos hogares.

📊 El cambio también se observa en el consumo general de proteínas. El pollo alcanzó en 2025 un consumo de 49,4 kilos por habitante, según datos del Centro de Empresas Procesadoras Avícolas (CEPA), mientras que durante 2026 las carnicerías comenzaron a incorporar nuevas alternativas económicas para responder a la caída del poder adquisitivo.

🛒 Los comerciantes describen una transformación concreta en las compras: clientes que antes llevaban dos kilos de carne ahora compran uno, reemplazan cortes caros por otros más económicos o directamente cambian de proteína. El pollo y el cerdo aparecen así como los principales sustitutos de la carne vacuna.

🍗 Incluso productos que anteriormente tenían una demanda menor comenzaron a ganar espacio. Las alitas, menudos, hígado, corazón, carcasas y otros cortes económicos de pollo son cada vez más buscados por consumidores que intentan mantener una fuente de proteínas en la mesa sin afrontar el costo de la carne vacuna.

⚠️ El fenómeno refleja algo más profundo que un simple cambio de preferencias gastronómicas. La caída del consumo de carne vacuna está directamente relacionada con el poder de compra de los hogares y con la evolución de los precios relativos. Cuando la carne tradicional aumenta mucho más que otras proteínas, las familias terminan adaptando sus compras para poder sostener el consumo de alimentos dentro de un presupuesto cada vez más ajustado.

🔥 Así, en un país históricamente identificado con el asado y la carne vacuna, las carnicerías comienzan a mostrar una nueva realidad: menos kilos de carne de vaca y más pollo, cerdo y productos alternativos. La picada de pollo, hasta hace poco una opción poco habitual, se convirtió en otro síntoma de cómo el precio de los alimentos está modificando la mesa de los argentinos.