La indignación estalló a nivel nacional. El adolescente de 15 años que mató a sangre fría a Ian Cabrera en San Cristóbal no irá a juicio y fue sobreseído. Aunque los fiscales confirmaron que planificó el ataque, un tecnicismo legal sobre la nueva ley juvenil le salvó el pellejo.

La impunidad avalada por el calendario

El dolor infinito de una familia acaba de ser pisoteado por los tiempos de la burocracia judicial. La Justicia de Santa Fe dictaminó que el joven de 15 años acusado de asesinar a su compañero de escuela, Ian Cabrera, no podrá ser juzgado ni recibirá una condena penal por el crimen que conmocionó al país el pasado 30 de marzo en la Escuela Normal Mariano Moreno N° 40.

El estupor social es total. Durante la audiencia, los fiscales explicaron que, bajo la antigua Ley 22.278, los menores de 16 años son absolutamente in-imputables. Y aquí radica el detalle que más bronca genera: si bien recientemente se aprobó una nueva ley penal juvenil que baja la edad de imputabilidad a los 14 años, esta normativa recién entrará en vigencia el próximo 5 de septiembre. Por una cuestión de meses, el asesino quedó exento del peso de la nueva ley.

Llevó el arma en la mochila y planificó el crimen

El fallo de no punibilidad y el sobreseimiento de los cargos penales contrastan brutalmente con los detalles escalofriantes que reveló la propia fiscalía. No fue un accidente ni un arrebato del momento. Los investigadores confirmaron que el ataque tuvo "cierta planificación".

El agresor metió una escopeta en su mochila, caminó hasta la escuela, entró al establecimiento y le arrebató la vida a Ian. Ahora, la investigación se centra en revisar sus redes sociales y su entorno familiar para intentar descifrar el móvil detrás de semejante acto de barbarie.

¿Qué pasará con el tirador?

Al no poder recibir una pena privativa de la libertad ni enfrentar un juicio convencional, el destino del menor cambió radicalmente. Actualmente, se encuentra alojado en un instituto de seguridad en la ciudad de Santa Fe, donde un equipo interdisciplinario evalúa su perfil psicológico.

Según trascendió, el objetivo final del sistema no es el castigo, sino derivarlo a un establecimiento donde reciba "medidas curativas", para luego quedar bajo la tutela y resguardo exclusivo de su padre. Una resolución que deja un sabor amargo, la sensación de vacío absoluto y una pregunta que retumba en los pasillos de cada escuela: ¿quién nos garantiza que haya justicia cuando los asesinos son menores de edad?