Los Premios Martín Fierro nacieron oficialmente el 9 de junio de 1959 bajo el nombre original de "El Gaucho". La iniciativa surgió de un grupo de diez periodistas especializados que fundaron la Asociación de Periodistas de la Televisión y la Radiofonía Argentinas (APTRA). El objetivo inicial de la entidad consistió en jerarquizar la crítica periodística y premiar la incipiente producción de la televisión abierta, que en ese entonces contaba únicamente con las transmisiones estatales de Canal 7. 

A finales de la década de 1950, la República Argentina atravesaba una etapa de profunda transición política bajo la presidencia de Arturo Frondizi, combinada con un despegue tecnológico y cultural sin precedentes. La televisión nacional, inaugurada en 1951, dejaba de ser una novedad experimental para consolidarse como el medio de comunicación masivo por excelencia.

Ante la falta de regulaciones y de un criterio unificado para evaluar los contenidos, un núcleo de críticos del espectáculo se reunió en la sede de Argentores. El propósito fundamental de esta cumbre radicó en estructurar un certamen que validara el trabajo de directores, actores y técnicos locales. La primera ceremonia oficial tuvo lugar a finales de 1959 en el Teatro Nacional Cervantes. En esa edición inaugural, los ganadores recibieron una pesada escultura de más de dos kilos confeccionada por el artista Luis Perlotti, bautizada conceptualmente como "El Gaucho".

El armado institucional de lo que hoy conocemos como el principal fenómeno de la pantalla chica dependió del impulso de figuras periodísticas clave de la época. A lo largo de las décadas siguientes, liderazgos como el de Jorge Lafauci en la conducción de la entidad permitieron la obtención de la personería jurídica de APTRA y la reestructuración democrática de sus padrones.

En la primera entrega de estatuillas, los grandes nombres de la "Era de Oro" del espectáculo nacional dejaron su huella indeleble:

  • Narciso Ibáñez Menta: Galardonado por su célebre y vanguardista labor en el ciclo Obras maestras del terror.
  • Tato Bores: Consagrado en las ediciones inmediatas de 1960 por su destacado desempeño cómico en La familia Gesa.
  • Eduardo Arce: Escultor que ganó el concurso interno de la asociación en 1960 para rediseñar la estatuilla definitiva, la cual pasó a llamarse formalmente "Martín Fierro" en homenaje a la obra cumbre de José Hernández.
  • El devenir de los Premios Martín Fierro refleja de forma directa los vaivenes democráticos e institucionales de la Argentina. El quiebre más drástico ocurrió tras el golpe de Estado de 1976. La última dictadura militar impuso un estricto régimen de censura sobre las listas de profesionales de la comunicación, forzando el exilio y la prohibición de numerosos periodistas y artistas considerados "subversivos".
    Debido a las persecuciones gubernamentales, APTRA se vio obligada a suspender las galas públicas y a entregar las estatuillas en la clandestinidad durante el período dictatorial. La parálisis institucional se extendió incluso durante los primeros años de la transición democrática. Recién el 8 de mayo de 1988, cinco años después de la restauración institucional del país, un grupo de periodistas logró refundar la entidad y concretar el regreso definitivo de la gala televisada desde los estudios de ATC (Argentina Televisora Color).
  • Con el paso de las décadas, la entrega de los Martín Fierro abandonó los ambientes estrictamente corporativos para mutar en un ritual de consumo masivo para la sociedad argentina. El evento instaló dinámicas culturales propias de los grandes certámenes internacionales:
    • La mesa redonda de camaradería: Transformó la premiación en una cena extendida donde conviven los distintos elencos de la industria.
    • Altas mediciones de audiencia: Las transmisiones anuales garantizan picos de rating históricos para las señales emisoras.
    • Debates de agenda pública: Las polémicas surgidas durante los discursos de aceptación alimentan los contenidos de los programas de espectáculos durante semanas.
  • Destacado de la industria: "Haber elegido la obra de José Hernández para renombrar los galardones fue una manera de ratificar la identidad argentina y reivindicar nuestra cultura desde el seno de la comunicación masiva".
    Analistas de medios coinciden en que el éxito de permanencia de los Martín Fierro radica en su capacidad de adaptación y en la diversificación de sus marcas en las últimas tres décadas. La estructura original enfocada en la televisión abierta porteña de aire resultó insuficiente ante el avance tecnológico y federal.
    Por este motivo, se implementaron hitos de expansión clave:
    1967: Inclusión formal de las emisoras de radio y producciones del interior del país.
    1991: Creación de las ternas específicas para el interior de manera autónoma.
    1992: Introducción de la estatuilla del "Martín Fierro de Oro", diseñada para consagrar el éxito del año (otorgada por primera vez al programa Fax, conducido por Nicolás Repetto).
    • 1995: Lanzamiento de la edición exclusiva para producciones de televisión por cable.
    • De cara a las demandas contemporáneas de consumo, los Martín Fierro se enfrentan al reto de asimilar el ecosistema digital. La pérdida de centralidad de la televisión lineal frente a las plataformas de streaming y creadores de contenido obliga a APTRA a replantear sus categorías operativas.
    • Los especialistas prevén un escenario de creciente fragmentación, donde las ceremonias orientadas a plataformas de streaming, redes sociales y formatos de podcasts (como el Martín Fierro Digital) adquieran un rol protagónico equivalente al de la televisión tradicional. El desafío de la institución residirá en sostener el prestigio histórico de la estatuilla sin quedar obsoleta frente a las audiencias jóvenes que prescinden del aparato de televisión convencional.
    •  El Martín Fierro ha demostrado ser mucho más que una simple estatuilla de bronce; constituye el espejo definitivo del entramado cultural, político y tecnológico de la Argentina. Desde aquella improvisada reunión de diez cronistas en 1959 hasta las millonarias transmisiones hoteleras de la actualidad, el galardón ha sobrevivido a dictaduras, crisis económicas y transformaciones mediáticas profundas. Su vigencia radica en un pacto tácito con el público: la garantía de que, más allá de las recurrentes polémicas y disidencias, esa noche representa la celebración colectiva de la identidad del espectáculo nacional.