Guillermo Bellingi, exsubdirector de la Procuración General de la Nación durante la gestión de Alejandra Gils Carbó, apareció sin vida en Villa Elisa con una cuchillada en el pecho. El misterioso hecho ocurre a menos de un mes de que se sentara en el banquillo por la fraudulenta compra de un edificio millonario.

Los pasillos de Comodoro Py y el ámbito político amanecieron sacudidos por una noticia teñida de misterio, sangre y sospechas. Guillermo Bellingi, exsubdirector general de la Procuración General de la Nación, fue hallado muerto en una vivienda de la calle 8, en la localidad platense de Villa Elisa. El cadáver presentaba una herida de arma blanca en el pecho, un detalle macabro que dispara todo tipo de conjeturas en el marco de una de las causas de corrupción más resonantes de la era kirchnerista.

El impacto de este hallazgo no radica únicamente en la violencia del desenlace, sino en la escalofriante coincidencia de los tiempos judiciales. Tal como lo resume a la perfección la placa de la image_212e66.png, el exfuncionario "debía declarar en una causa de corrupción K" en apenas 20 días, cuando estaba pautado el inicio del juicio oral que lo tenía como uno de los principales acusados.

El negociado millonario y los secretos que se lleva a la tumba

Bellingi no era un actor de reparto en esta historia. Durante la gestión de Alejandra Gils Carbó al frente del Ministerio Público Fiscal, fue la pieza clave en la escandalosa licitación para la compra del edificio de la calle Perón 667, destinado a las oficinas de la Procuración. La Justicia investiga el pago de sobornos y sobreprecios millonarios pagados por el Estado.

El entramado de corrupción que lo acorralaba era de manual: la investigación demostró que la jugosa comisión por intermediar en esa compra fraudulenta fue cobrada por Juan Carlos Thill, un productor de seguros que, casualmente, era el medio hermano de Bellingi. Con el funcionario elaborando el pliego a medida desde adentro del Estado, y su hermano cobrando los sobornos por afuera, el cerco judicial sobre él era total.

Hoy, a menos de tres semanas de tener que dar explicaciones y, posiblemente, ventilar nombres y responsabilidades políticas de sus superiores, Bellingi aparece muerto de una puñalada. Un final oscuro que suma un nuevo y trágico capítulo a la larga lista de misterios impunes que rodean al poder en la Argentina.