Las movilizaciones por mejores servicios públicos y contra la pérdida del poder adquisitivo terminaron con graves enfrentamientos, saqueos e incendios en varias ciudades. El presidente Emmanuel Macron condenó los incidentes y prometió procesar a los responsables.

Francia atravesó una jornada de extrema tensión y violencia durante las masivas movilizaciones convocadas contra el aumento del costo de vida y el deterioro de los servicios públicos. Lo que comenzó como un reclamo pacífico en gran parte del país, derivó rápidamente en saqueos, incendios y duros enfrentamientos con la Policía en las principales ciudades.

Según las cifras oficiales del Ministerio del Interior, alrededor de 550.000 manifestantes salieron a las calles en todo el territorio francés, aunque desde la central sindical CGT elevaron la cifra a 800.000 asistentes.

El movimiento de protesta tiene sus raíces en septiembre, cuando estudiantes de los suburbios del norte de París comenzaron a reclamar por la falta de docentes y las malas condiciones edilicias. Con el correr de las semanas, el malestar se generalizó y sumó el apoyo de organizaciones sindicales y trabajadores, incorporando demandas por la creciente desigualdad económica.

Destrozos, fuego y detenciones masivas

Si bien la mayor parte de los manifestantes marchó de forma pacífica, grupos violentos protagonizaron graves incidentes. En París se registraron múltiples saqueos a comercios e incendios callejeros. La situación también se descontroló en Limoges, donde el fuego provocó severos daños estructurales en el histórico edificio del ayuntamiento. Ciudades como Lyon y Marsella tampoco escaparon a los disturbios.

Como saldo de los enfrentamientos, el ministro del Interior, Laurent Nuñez, confirmó que el número de detenidos superó las 1.800 personas, una cifra que escaló dramáticamente respecto a los primeros reportes de la jornada.

Ante la magnitud de los destrozos, el presidente Emmanuel Macron condenó enérgicamente los ataques e incidentes, asegurando que los responsables serán llevados ante la Justicia. La dura respuesta policial y la radicalización de las protestas amenazan con profundizar aún más la crisis política y social que atraviesa el país europeo.