La violencia volvió a adueñarse de las canchas en San Luis. Una brutal gresca en un complejo de fútbol de calle Riobamba y avenida Centenario dejó a un joven con el rostro herido y su vehículo completamente destrozado. Un mayor fue detenido y tres menores quedaron a resguardo.

De la diversión a la barbarie absoluta

Lo que debía ser un momento de esparcimiento y deporte entre amigos al terminar el día, se transformó en una lamentable y repudiable escena de violencia extrema. Una vez más, el fútbol amateur en la ciudad de San Luis fue el escenario de la barbarie, demostrando que la intolerancia y la agresividad están arruinando los espacios recreativos.

El violento episodio tuvo lugar anoche en un conocido complejo de fútbol ubicado en las inmediaciones de calle Riobamba y avenida Centenario. La Policía debió intervenir de urgencia tras el llamado desesperado de un joven de 20 años, víctima de una cobarde agresión en patota.

Trompadas, furia y un parabrisas reventado

Según el crudo relato del damnificado a los efectivos, todo se desató a raíz de una discusión por el partido. La tensión escaló rápidamente y los agresores pasaron de los insultos a los golpes. La víctima recibió una brutal trompada directo en el ojo, pero la locura no terminó ahí.

En un acto de total salvajismo, uno de los violentos involucrados corrió hacia el auto del joven agredido (Fiat Uno de color blanco) se trepó al capot y comenzó a patear el parabrisas con una furia incontrolable hasta lograr su rotura total.

Detenidos e insólita reacción

Con las descripciones aportadas por la víctima y los testigos que presenciaron atónitos la escena, los uniformados desplegaron un operativo cerrojo en la zona y lograron interceptar al grupo de agresores a pocas cuadras del complejo.

Lejos de mostrar arrepentimiento, uno de los implicados, de 19 años, adoptó una postura totalmente hostil, negándose a identificarse e intentando agredir al personal policial, por lo que fue inmediatamente demorado y trasladado a la Comisaría Seccional 2°.

Por su parte, la sorpresa fue mayor al identificar al resto de la patota: se trataba de tres adolescentes de entre 15 y 16 años. Incluso, uno de estos menores admitió con total impunidad haber sido el autor de los destrozos en el vehículo. Los tres fueron retirados del lugar y puestos a resguardo por el personal de la Comisaría de Atención a la Niñez, Adolescencia y Familia (CANAF).

Un nuevo capítulo lamentable que nos obliga a preguntarnos: ¿hasta cuándo vamos a tolerar que los violentos se adueñen de las canchas?