En una travesía de 75 kilómetros que duró cuatro días, alcanzaron alturas superiores a los 4.150 metros sobre el nivel del mar. Gabriel Guillar, Santiago Butkus, Fernando Di Santos y Carlos Lassalle vivieron una experiencia única uniendo la aridez de la montaña con la exuberante selva.

El espíritu de aventura llevó a cuatro montañistas de San Luis a enfrentarse a uno de los desafíos más imponentes y contrastantes del norte argentino. Se trata de la dura travesía a pie por el antiguo corredor de montaña que une la región de la Quebrada de Humahuaca con las profundidades de las Yungas en la provincia de Jujuy.

Los protagonistas de esta hazaña son Gabriel Guillar, Santiago Butkus y Fernando Di Santos, miembros de la agrupación Inti Anti, junto a Carlos Lassalle, oriundo de la localidad de La Toma. Durante cuatro días ininterrumpidos en las alturas, los expedicionarios recorrieron aproximadamente 75 kilómetros enfrentando ascensos interminables, descensos pronunciados, ríos, quebradas y mucho barro.

De la aridez extrema al verde de la selva

El recorrido comenzó en Tincara, marcando una primera jornada de adaptación que los llevó hasta Yuto Pampa tras 9 horas de intensa marcha y 20 kilómetros recorridos. Allí alcanzaron el punto más alto de la expedición, superando los 4.150 metros sobre el nivel del mar para luego comenzar el descenso.

Con el correr de los días, el grupo avanzó hacia la comunidad de Molulo y luego hacia San Lucas. En este trayecto, el paisaje árido y de tonos rojizos típico de la Puna comenzó a transformarse, dándole protagonismo a los primeros árboles y a la vegetación característica de la selva de montaña.

El destino final fue Peña Alta. "Lo extraordinario de esta travesía no está solamente en la cantidad de kilómetros recorridos. Está en haber atravesado, en apenas cuatro días, algunos de los paisajes más extremos y contrastantes de Jujuy", relató Gabriel Guillar al finalizar el enorme desafío.

Los cuatro puntanos regresaron a la provincia con el cansancio lógico que demanda el cuerpo, pero con la inmensa satisfacción de haber cruzado a pie uno de los territorios más salvajes del país. Una verdadera lección que reafirma su premisa: a la montaña no se la conquista, sino que se la respeta, se la enfrenta y se la disfruta.