🚘🇨🇳 ⚠️ El asesor presidencial Santiago Caputo advirtió sobre el riesgo de que los autos inteligentes puedan recopilar y transmitir audio, imágenes y datos de geolocalización, e incluso ser desactivados de manera remota ante un eventual conflicto internacional.

📊 Las importaciones se dispararon un 480,1%. Según datos oficiales citados en la cobertura periodística, entre enero y febrero de 2026 ingresaron automóviles desde China por US$309 millones, frente a los US$53 millones del mismo período de 2025.

🛡️ El antecedente que encendió las alarmas ocurrió en Noruega. Durante ejercicios militares realizados en septiembre, efectivos descubrieron que vehículos chinos alquilados habían registrado imágenes de instalaciones, movimientos de personal y códigos de acceso a zonas restringidas. Los automóviles contaban con cámaras y sistemas de conectividad.

🔎 Sin embargo, hay una diferencia clave: se detectaron grabaciones, pero no se confirmó públicamente que la información hubiera sido enviada a servidores externos ni que el Gobierno chino hubiera accedido a ella. El caso expuso una posible vulnerabilidad tecnológica, no una operación de espionaje demostrada.

🌎 La preocupación ya llegó a otros países. Estados Unidos estableció restricciones sobre determinadas tecnologías de vehículos conectados por razones de seguridad, mientras que Polonia e Israel adoptaron medidas para limitar el ingreso de algunos automóviles a instalaciones militares.

🚗 Los vehículos modernos incorporan cámaras, micrófonos, sensores, GPS y conexiones digitales que mejoran la asistencia al conductor, pero también pueden recopilar información sensible. El riesgo depende de qué datos almacenan, cómo los protegen y quién puede acceder a ellos.

🇦🇷 En la Argentina, las advertencias de Caputo reabrieron una discusión que combina comercio, tecnología y defensa. Por ahora, sus declaraciones no implican una prohibición de los vehículos chinos ni constituyen una prueba de que los modelos comercializados en el país estén siendo utilizados para espionaje.